My demons

Actually, I was trying to dream that it was just a dream; it is the only way to endure it, to bear it and to be aware of the darkness we absorb by the mere fact of being who we are.


Atypically, I come round quite early in the morning; sky looks forlorn and the wind blows rather cold; with an effort I open my eyes and they release a river of night tears; I put on my spectacles, look downwards and realize that my room is plagued with carnivorous toads. They are grotesque, their bulging eyes remind me of my family; they have a noxious smell and are at the await of my flesh.


So burdensome is my despair that I do not mind to lower my legs out of bed, and I walk among them: the toads are astonished; without moving, their features turn gradually sadder and their bodies express that they are despondent. Hungry beasts that refrain from attacking their victim due to a sudden seizure of feeling. A real beast does not attack the melancholic ones, as it is unable to inflict more pain. It always prefers fresher victims.


I continue walking but after weeks of being locked up at home I do not get very far: however, all surrounding objects start to disappear, one by one and with no haste, and the river of night dreams spawns dynamic shadows; shadows that communicate though they sound incomprehensible, I lick a couple of my right hand’s fingers to find courage, take my spectacles off and throw them into nothingness. There, armed with nothing but my own short-sightedness to face my demons,


After some eternity seconds, the shadows appear to make sense, and my throat shuts and my heart rushes; family ghosts show themselves onstage; they share my blood, my information is based on them; I am something of each one of them and in the quantic sphere of time, those ghosts also carry my wraith within.



*Text translated by Ivan Rodriguez Herrera





Mis demonios


En realidad, trataba de soñar que esto tan solo era un sueño; esta es la única manera de soportarlo, de cargarlo y de estar consciente de toda la obscuridad que absorbemos por el solo hecho de ser quienes somos.


Atípicamente me levanto muy temprano, el cielo esta lóbrego y el viento es un tanto gélido; con esfuerzo abro los ojos y estos dejan correr un rio de lágrimas nocturnas; me pongo mis lentes, volteo hacia abajo y observo que mi cuarto está plagado de sapos carnívoros. Son grotescos, sus ojos saltones me recuerdan a mi familia, tienen un olor jediondo y están a la espera de mi carne.


Es tanto mi penar, que no me importa bajar mis piernas de la cama; y me pongo a caminar entre ellos; los sapos se quedan plasmados, sin moverse, a decir verdad, su semblante poco a poco se hace más triste y su cuerpo dice que están acongojados. Bestias hambrientas que se abstienen de atacar a su víctima por un repentino asalto de sentimiento. Una verdadera bestia no ataca a los melancólicos; no son capaces de producirles más dolor; siempre prefieren victimas más frescas.


Yo, continúo caminando, pero después de semanas de estar encerrado en mi casa, no llego muy lejos; sin embargo, todos los objetos empiezan a desaparecer, uno por uno y sin prisa, y el rio de lágrimas nocturnas comienza a producir sombras dinámicas; sombras que comunican pero que son incomprensibles. Me lamo un par de dedos de la mano derecha para tomar valor y me quito mis lentes, y los arrojo a la nada. Así, quedo tan solo armado por mi miopía para enfrentar a mis demonios.


Después de algunos segundos de eternidad, la sombras comienzan a cobrar sentido; y mi garganta se cierra y mi corazón se apresura; los fantasmas familiares empiezan a aparecer; comparten mi sangre, mi información está basada en ellos; yo soy algo de cada uno de ellos y en lo cuántico del tiempo, esos fantasmas también llevan algo de mi entelequia.


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