Miremos y contemplemos

Llevo ya metido en este ambiente más de dos décadas, el corporativo ha cambiado; ha cambiado mucho; tanto que he tenido que adaptar mi manera de respirar; ya no sé cómo encontrar oxígeno que me mantenga vivo, pero lo que más extraño, es el no poder convertirme en loco.


Me tomo entre mis brazos, me doy consuelo; reparo mi sufrimiento y pretendo protegerme. Me susurro un débil “todo estará bien” que no me creo. Medio respiro, sonrío y todo está bien.


Pasan muchas cosas a mi alrededor, imágenes, información, discursos, proyectos, ideas, egos, personas, números, cuartos, cuotas, revenue, forecast, estrategias, tácticas, enfermedades, humanos, amigos, desconocidos, conocidos, rostros, tristezas, alegrías, despidos, contrataciones, jóvenes, viejos, y un saber certero que este cuarto es el más importante en la historia de cada tres meses.


Ante esta lluvia de vacíos absurdos, mis ojos saltones han parado de observar, y tan solo fingen que miran, pero han dejado pasar por alto las vicisitudes verdaderamente importantes.


Y dejo de respirar, mi piel se seca, mis ojos se plastifican, mi pensamiento se entumece y mi humanidad ha alcanzado tal nivel de plasticidad, que ya es irreconocible.


Esperanza, por un pequeño resquicio un nuevo ojo se asoma, y a través de él comienzo a respirar. El ojo ve, y el ojo observa, y el ojo, esta vez no calla.


El ojo encuentra la máquina, y juntos coinciden para escribir con luz; luz inagotable que produce fotografías; y estas, se convierten en un elemento básico de pensamiento, y en su conjunto, las imágenes se convierten en filosofía y generan un vomito poético que transgrede la gran narrativa corporativa.


Miremos y contemplemos, que nuestras miradas nos mantendrán vivos.




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