Apóstol incondicional de la posverdad

Por fin, lo he logrado. Me he quitado mi mascara, ya no seré más un anfibio; desde ahora tan solo respiraré con mis pulmones, respiraré aire contaminado que quema, que apesta, que enferma.


Siento como mi cuerpo es invadido de bilis negra. Por mucho tiempo no supe quien era y porque había sido quien fui.


Pienso porque observo; mi cámara registra con una óptica pesimista. Al corporativo le estorba este tipo de óptica, de mensaje.


¿Como hemos llegado a pensar -y creer- que unas hojuelas de maíz azucaradas nos harán tener un comienzo de día dorado? En parte, el Corporate Human ha sido responsable, un apóstol casi incondicional de lo que hoy llamamos posverdad.


Vuelvo a observar, vuelvo a pensar. Cambio


Se que continuaré siendo un Corporate Human más, pero esta vez, trataré de forjarme un sentido diferente, un sentido acorde a mis valores, no olvidando la naturaleza de mis ancestros y sin secuestrar el bienestar de mis descendientes.


Al fin, empiezo a reconstruir mi identidad.




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